La vida es bella

álbum, scrap, scrapbooking

Creo que todos esos momentos que capturamos con la cámara y que hacen parte de nuestra historia más íntima, la historia que realmente da sentido a nuestra existencia, merecen ser preservados con mimo. Partiendo de esta premisa, he decido guardar estos pequeños retazos de vida y memoria en álbumes hechos con las técnicas de scrapbooking. Las fotos son antiguas, así que no os fijéis demasiado en nuestros modelitos, o sí, he echaréis unas buenas risas.

Este álbum en realidad es un 3 en 1. Posee una estructura principal exterior, que es vertical, y dos mini-álbumes interiores: un mini-álbum en cascada y otro horizontal.

La estructura externa está hecha con wire  y  cartón negro de textura muy suave de 1,25 mm. Para dicha estructura he utilizado 4 trozos de cartón:

  • un trozo de 30cm x 15,5cm para la portada trasera;
  • un trozo de 20cm x 15,5cm y otro de 10cm x 15,5 cm para la portada delantera;
  • un trozo de 2cm x15,5cm para la parte de abajo a modo de lomo (que sirve de unión entre la portada trasera y la parte inferior de la portada delantera.

Con las fotos, podréis tener una idea de lo que estoy hablando

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Vista de la portada delantera

 

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Portada trasera

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Parte inferior de la portada delantera abierta y vista de la portada del   mini-álbum interior horizontal que mide cerrado 14,5cm x 9,5cm.

 

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Vista del álbum con portada delantera superior abierta

 

Los papeles utilizados para su confección son de dos colecciones de Teresa Collins: Life emporium y Summer stories. También he usado cartulina texturizada negra y cartulina kraft, ambas de la marca American crafts . La mayoría de los adornos están hechos con troqueles de la bigshot. También he utilizado algunos adornos casero, brads y chipboards de mi fondo de armario scrapero. A parte esto, he utilizado sellos para crear fondos, frases, embossing y adornos, pero esto ya iréis viendo a continuación.

 

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Vista del álbum completamente abierto

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Algunas páginas interiores del álbum principal…

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Una de las páginas del álbum interior en cascada

 

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Una de las páginas del álbum horizontal. También se puede ver la cinta deshilachada, porque todavía no había pasado el mechero para sellarla.

La página negra está estampada con un sello de Heidi Swapp con embossing caliente  en blanco y el corazón está hecho con la estampación y posterior recorte de un sello de Gigi et moi.

 

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Otra página del álbum horizontal. He utilizado un sello de Kaisercraft y embossing en caliente con polvos de Ranger

 

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Esa fue la última página horizontal.

El álbum tiene muchas otras páginas, pero No os he enseñado todas páginas para no aburriros más.

Gracias por la visita.

Besos

 

 

 

El scrap más íntimo

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Tiempos atrás comprábamos un carrete, hacíamos fotos y las revelábamos. Una parte considerable de las fotos salía torcida. Era común que alguien saliera con los ojos cerrados, decapitado o sin alguno de sus pies. En otras ocasiones,  una sombra de un dedo delante de algo importante en la foto la echaba a perder. En total nos quedaban de 40 a 90 fotos al año dependiendo de los carretes utilizados y de nuestra suerte y destreza a la hora del click. Ahora con las cámaras digitales y teléfonos móviles, hacemos centenas de fotos cada año y terminamos imprimiendo muy pocas. El trabajo de seleccionar las mejores fotos por viaje, fiesta o día especial se nos hace muy costa arriba aquí en casa. A parte eso, tenemos fotos en todos los teléfonos familiares y recopilar todas y hacer una selección y clasificación razonable resulta un trabajo hercúleo. De ahí que lo vamos postergando y acumulando archivos digitales.

Para paliar un poco esa situación, he empezado a catalogar y mandar a imprimir algunas  fotos para organizarlas y archivarlas en álbumes. Pues, teniendo tantos materiales para scrap, realmente era una pena que las fotos no se preservasen con mimo.

Retomar la experiencia de construir los álbumes me pareció increíble. Cada foto que cogía en manos evocaba  momentos pasados y me hacia  revivir las sensaciones de aquellos instantes. Quizás ahora ya tamizados por las nuevas vivencias, los recuerdos se mezclan con fantasías, expectativas y deseos.Tal vez  ya son una mezcla de realidad y ficción…pero aún así son nuestra historia. Porque  nuestra historia es la suma de todo esto: hechos, sensaciones, recuerdos, fantasías…

Bueno, dejo ya de cháchara y os presento uno de los álbumes que hice. Para álbum en particular , he utilizado papeles del kit  Well travelled de Carta Bella que podéis ver  aquí.

Algunos de los materiales utilizados fueron estos: el kit de papeles citado arriba; cartulinas texturizada de American crafts en negro, pommegranate, lagon y kraft; cordones bicolor blanco y negro y rojo y negro; un trozo de rafia; sellos; troqueles para la big shot; eyelets de diferentes tamaños y colores; brads; una maderita en forma de corazón; boli blanco de uniball; tinta blanca Unicorn de Hero arts; tinta Versafine negra y algunos  trozos de papeles de mi caja de retalles para complementar algún detalle (unos de Teresa Collins y otros de Prima).

Este álbum que mide 30cm x 19,5cm tiene una portada muy sencilla, pues el papel me parecía tan hermoso que no quise cargarlo con adornos.

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Las etiquetas, de cartulina y rafia están cogidas con un cordón bicolor y no están pegadas al papel.

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La parte interior de la portada tiene un bolsillo donde puse un pequeño mini-álbum con 4 fotos. He usado el mismo cordón de la portada para coger las 2 hojas del mini y así dar uniformidad a la decoración.

Os comento que las fotos se verán pixeladas para preservar la intimidad de mi familia.

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Me encanta utilizar dobleces en los álbumes, así no todo está tan a la vista…queda un poco más misterioso (¡qué de manías tiene una servidora!). Aquí vemos la página con el pliegue cerrado.

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Aquí la misma página con el pliegue abierto:

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En esas vacaciones de invierno estuvimos en París unos días con mis cuñados que viven allí y pasamos las Navidades con ellos. París me gusta mucho más en primavera, pero no estuvo nada mal esta etapa. Aquí veréis a mis hijos haciendo lo que más les gusta. A Javier  le encanta el faux fillet (no os fiéis del traductor. no es un filete de imitación, sino un falso solomillo de ternera). Y Paula era entonces una niña que se quedaba embobada delante de los escaparates de las tiendas de juguetes y aún se subía al caballito.

De París, salimos en avión rumbo a Fès, en Marruecos, con otros cuñados y mi sobrino que venían de Reims. En Fès estuvimos alojados en la Medina que es como el casco antiguo que se conserva del período medieval. Sin dudas, es un sitio que parece haberse congelado en el medievo, con sus calles estrechas y laberínticas, con carros tirados por burros, puesto que en las callejuelas de la Medina no caben los coches. Sin duda un sitio magnífico que te hace viajar a  otra época.

Podéis ver dos minis que salen de los bolsillos. Donde se ve un poco la foto de mi hijo, es el mini que está en la parte interna del a portada. Y donde se ven los troquelados de tickets está el otro mini con fotos y los tickets del metro de París y del barco de Tánger a Algeciras.

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Los mercados del interior de la Medina y las tiendas de artesanía junto con la simpatía y carácter afable de la gente que allí trabaja, sin dudas, fue lo que más me gustó de esta etapa del viaje.

Ese viaje está tan lleno de anécdotas y aventuras que siempre lo tendré presente. Por ejemplo, saber que en una ciudad pueden existir dos realidades tan distintas. Fès intra muros, que es la Medina propiamente dicha, es una ciudad antigua, laberíntica, llena de color y que parece congelada en el tiempo. Fès extra muros es moderna, con avenidas anchas y coches de todas las gamas. En la parte moderna, los supermercados vendían todo tipo de productos europeos, eso sí, a precios desorbitados.

Tradición y modernidad, cultura ancestral y cultura extranjera todo conviviendo junto…eso hace que el viajero salga enriquecido de esta experiencia.

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En Fès alquilamos un riad e incluimos el servicio de una señora que nos cocinaba a diario los platos típicos marroquíes y el servicio de un guía para el primer día. En el segundo día, nos perdimos en la Medina y tuvimos que pagar a un chiquillo que nos llevase al riad, jejejeje…menudo laberinto.

Como locos, nos pusimos a comprar recuerdos, pues Fès es bastante más económica que Marrakech. Traje alfombras, colcha, especias, lámparas, puf, babuchas, pañuelos y otro montón de cosas más…

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Como podéis apreciar, la botella de Coca-cola en árabe no se libró de una foto.

Pasamos la Noche vieja en Fès y fuimos a una cena especial con música y comida marroquí. A los extranjeros nos vendían cerveza, vino y champagne.  En realidad, eran espectáculos para turistas, aunque también había árabes en la cena. Inclusive hubo show de danza del vientre. Quizás fue lo menos auténtico de todo el viaje…y no veáis la clavada que nos pegaron con los precios.

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En la foto de la derecha podéis ver una de las etapas de la vuelta que fue una verdadera aventura. Ya hablaré de esto más adelante.

Pero antes, os quiero enseñar una foto de mi marido haciéndose el valiente con una serpiente, en Mekènes  donde fuimos de excursión un día. .

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Hay muchas más fotos y algunas páginas más del álbum que no os he enseñado, pero creo que este post se está alargando mucho y la mayoría ya se aburrió leyéndome. Así que os cuento la odisea de la vuelta.

El viaje de París-Fès en avión nos costó un precio razonable (menos de 150 euros por persona), pero para volver de Fès a Córdoba, donde pasaríamos la noche de Reyes, o de Fès a Alicante, donde vivimos, el precio era de casi 500 euros por persona…y éramos 4 en mi núcleo familiar y 3 en el núcleo de mis cuñados. Así que ideamos un modo más económico y a la par más rocambolesco para regresar a España. Íbamos al estilo Willy Fog sin despegarnos del reloj y eligiendo la manera más rápida para llegar a Córdoba. Estrujamos los cerebros y conseguimos que el gasto de la vuelta no fuera de 2 mil euros, sino de unos 350 o 400 euros en total.

Así sucedieron las cosas: en un Mercedes viejo, de estos grandotes,  nos metimos los 7 viajeros más el conductor. No me preguntéis cómo cupimos. Luego, cogimos 2 trenes y otro taxi del mismo estilo. Los dos taxis que cogimos iban con sendos maleteros tan cargados con toda nuestra ropa y el montón de compras que la puerta del maletero tenía que ir abierta y las maletas cogidas por una cuerda. Tenía la sensación de que el coche se partiría por el chasis del peso que llevaba y que las maletas se perderían por la carretera.

De Tánger nos fuimos en barco a Algeciras. Allí llegamos por los pelos porque la tienda de alquiler de coches estaba a punto de cerrar. Conseguimos dos coches y nos fuimos todos  a Córdoba a casa de mis cuñados, pero esta vez respetando el número de plazas por vehículo.

¡Qué locura! Apretados como sardinas en los taxis. subiendo y bajando  todos los bártulos en un anden en medio de la nada,  corriendo y metiendo todo en el tren que tenía una parada muy corta…Luego corriendo a buscar una tienda para alquilar los coches…uff íbamos entre risas y nervios para llegar la noche anterior a la cabalgata de reyes y así poder preparar la fiesta para los niños.

Pero aún así no cambiaría nada. Toda eso fue parte de un viaje único, de una aventura novelesca casi.

Al hacer este álbum pude recordar y repensar todo lo vivido y esto me hizo feliz. Mi familia a ver el álbum también sintió nostalgia de esa impresionante aventura. A lo mejor algún día pongo las otras fotos del álbum, pero por ahora lo dejo así.